Prefiero el grito al murmullo.
Somos una colección de confesiones que declamamos en los callejones innecesarios, mientras nuestras bitácoras acumulan páginas en blanco.
Quisiera poder susurrar mis secretos debajo de la almohada.
Quisiera atreverme a ser yo.
Pero soy la misma amalgama que reniego. Soy la misma cantidad de abrumadas frustraciones que claman atención bajo los balcones.
No me levanto como la luz de mi camino. Prefiero las mentiras y las mañanas repetidas, detrás de cada asiento público.
Conduzco hacia mi muerte, como el resto del ganado, bajo la árida mirada de quienes pretenden conocernos.
